Nuevos desafíos en el mundo y en Argentina
COLUMNA DE OPINION

Nuevos desafíos en el mundo y en Argentina

Fuente : Santiago Martin Gallo - Representante de www.municipiosdeargentina.com en Europa
La pandemia del COVID-19 es uno de los desafíos más serios que ha enfrentado la humanidad en tiempos recientes. Todavía se desconoce lo que podrá ser su costo total en vidas humanas.

De manera simultánea a la pérdida de vidas y a la profunda crisis de salud, el mundo está siendo testigo de un colapso económico que impactará de manera severa el bienestar de grandes segmentos de la población durante los próximos años. Algunas de las medidas que se están tomando para contrarrestar la pandemia afectarán nuestras vidas en el futuro de manera no trivial. Entender la relación entre los diferentes elementos del problema para ampliar el espacio de la política con una comprensión completa de los efectos sociales y económicos que las medidas que se adopten pueden traer consigo.

Hasta el momento, la imposibilidad de utilizar el aislamiento selectivo con las personas y grupos contagiados ha llevado a la aplicación de medidas de distanciamiento social que están imponiendo un costo económico y social excesivamente desproporcionado en todo el mundo. La combinación de políticas como el distanciamiento social, el confinamiento y las cuarentenas implican una reducción, cuando no una parada total, de las actividades de producción y consumo por un periodo de tiempo incierto, que desploma los mercados y puede llevar al cierre de empresas, llevando al desempleo a millones de trabajadores.

El trabajo, factor esencial de la producción, está en cuarentena en la mayoría de los sectores de la economía.

Las fronteras se han cerrado, y las cadenas globales de valor se han interrumpido. La mayoría de las estimaciones muestran una contracción del producto global. En la región de América Latina y el Caribe, las predicciones muestran un consenso alrededor del -3% o -4%, y se espera que solo en 2022 la región recupere los niveles de actividad previos a la crisis, en escenarios que prevén una crisis en forma de “U”.

Según la CEPAL, más de 30 millones de personas que podrían caer en la pobreza si no se ponen en marcha políticas activas para proteger o sustituir el ingreso de los grupos vulnerables.

Conceptualmente conviene pensar en dos etapas de la crisis.

La primera, mientras dura la pandemia, caracterizada por el aislamiento de personas; la segunda, una vez controlado el virus y con el reinicio gradual del contacto entre personas.

Al principio de la primera etapa, que empezó hace unos días, la actividad económica cae porque las personas no pueden salir a comprar, no porque no tengan ingresos, y porque los trabajadores no pueden asistir a sus puestos de trabajo, no porque los negocios no tengan ventas. Sin embargo, pronto esta situación evolucionará: conforme la falta de actividad económica reduzca las ventas de las empresas, empezarán los despidos y caerán los ingresos de los trabajadores; caerán también los ingresos de los que trabajan por cuenta propia, aún si estos mantienen su actividad (suponiendo que las disposiciones sanitarias lo permiten).

Hacia el final de la primera etapa, lo que inicio como una crisis por la necesidad de aislar a las personas se convertirá en una crisis económica “tradicional”, en el sentido que la actividad económica estará deprimida por falta de demanda y de ingresos, no porque las personas no puedan estar juntas.

No se conoce lo suficiente del Covid-19.

En particular, se sabe poco cuanto persistirán los factores detrás de la pandemia, incluyendo la posibilidad de mutaciones o de rebrotes.

Esto implica que nadie sabe cuándo concluirá la primera etapa, esto es, cuando los trabajadores podrán poco a poco acudir a sus centros de trabajo, y las personas salir a las calles a comprar.

Dicho eso, conviene pensar que la primera etapa durará entre dos y tres meses (aunque evidentemente este juicio se debe evaluar a la luz de la experiencia). Es igualmente difícil predecir cuánto durará la segunda etapa, porque mucho dependerá de las acciones tomadas durante la primera. Si son adecuadas, la segunda etapa será corta, tal vez unos cinco o seis meses; si no, puede durar mucho más. Dicho eso, también dependerá de las acciones que se tomen a nivel mundial y, en particular, de que tan rápido se recuperen Estados Unidos y Europa, y se reanude el crecimiento en China.

Esta separación de la crisis sugiere que, hacia finales de la segunda etapa, digamos noviembre, se estará regresando a la normalidad.

Pero pasarán muchas cosas en los próximos meses que redefinirán la normalidad.

Lo natural es pensar que hacia finales del año estaremos donde estábamos al inicio. Pero el mundo será diferente en muchas dimensiones: los flujos de turismo, las cadenas de suministro, las condiciones en los mercados financieros, etc.

Lo que inicio como un shock transitorio puede en algunas dimensiones convertirse en permanente. Por ejemplo, si hay cambios duraderos en la actividad de los cruceros turísticos, el Caribe y destinos similares serán afectados; si las empresas multinacionales deciden cambiar sus cadenas de suministro, sectores manufactureros en algunos países serán afectados. Estos aspectos se ignoran en esta conferencia y se supone que la normalidad hacia el final del 2020 será algo no muy diferente de la que era al inicio.

Se requiere un ajuste rápido a la política económica

En el contexto de una crisis más grave y compleja que la de 2008-2009, resulta esencial tener claridad sobre los objetivos que la política económica de Argentina debe perseguir, y los instrumentos que se pueden desplegar para alcanzarlos. Se propone que, de forma inmediata, la política económica se reestructure alrededor de tres objetivos:

Objetivo 1: minimizar los costos humanos de la pandemia sobre la población;

Objetivo 2: minimizar el impacto regresivo de la crisis, con acciones que protejan los ingresos de los trabajadores, especialmente los pobres; y,

Objetivo 3: preservar la estabilidad macroeconómica y la capacidad de retomar el crecimiento una vez que la crisis económica derivada de la pandemia haya concluido.

Siempre es difícil reajustar los planes de gobierno rápidamente, sobre todo cuando implican un giro radical.

Todos los gobiernos tienen objetivos legítimos en materia de programas de infraestructura, de educación, de desarrollo rural y regional, y otros.

No se propone que esos objetivos se abandonen, sino que se pospongan, haciendo un reconocimiento explícito de que, a raíz del drástico cambio en el contexto mundial, posponerlos es la mejor manera –en algunos países la única– para poder alcanzarlos más adelante. Mientras más rápido se reconozca esto y, en paralelo, se comunique de forma creíble a los mercados, menores serán los costos económicos derivados de la percepción de confusión y falta de entendimiento de la gravedad de la situación. (Parte de la extrema volatilidad que se está viviendo en los mercados financieros en Estados Unidos en los últimos días deriva de la percepción de que el gobierno de EEUU no tiene –o al menos no tenía hasta hace muy poco– una percepción clara del tamaño y naturaleza del reto, y no había expresado una respuesta articulada y coherente.)

Interconexión entre medidas sanitarias y económicas

Si bien esta crisis se origina fuera de ALC, las medidas sanitarias de hecho ya la convirtieron en todos los países en una crisis interna. Indudablemente, el costo económico es ahora mayor por la interrupción de la actividad económica derivado del aislamiento generalizado, que por la caída en los precios de las materias primas y las exportaciones, o los aumentos en las primas de riesgo y las devaluaciones.

Por lo tanto, a diferencia de crisis pasadas, la salida de la crisis económica pasa por la solución de la emergencia sanitaria, no en el sentido de “eliminar” la pandemia (lo cual puede no ocurrir en su totalidad hasta que se encuentre una vacuna, o se logren altos niveles de inmunidad de grupo); pero si en el sentido de transitar a estrategias de contención que no descansen en el aislamiento masivo de personas.

Si las estrategias de contención no evolucionan, la crisis económica tomará magnitudes difíciles de imaginar, y mucho de lo señalado en esta nota será insuficiente o aún pertinente.

Se requieren dos condiciones para que esta recesión tenga, por así decirlo, una forma de “V”, esto es, una caída drástica de la producción y los ingresos por dos o tres meses, y luego una recuperación ordenada y rápida:

  • Que las indispensables medidas de mitigación de los costos sociales no produzcan a su vez una crisis financiera, acompañada de cierres y quiebras de empresas; y,
  • Que las estrategias sanitarias evolucionen. Mucho dependerá de los avances en el frente de salud. Dicho de otra forma, aún un paquete de medidas económicas muy bien diseñado puede ser insuficiente para superar la crisis y retomar el crecimiento. La evolución en la estrategia sanitaria, de medidas de aislamiento generalizado hacia estrategias más puntuales, es parte esencial del programa de contención de la crisis económica y, posteriormente, de la recuperación. Prácticamente todos los países de la región han decretado aislamientos generalizados. Pero pocos han señalado como se abandonarán. Anuncios creíbles de que harán los gobiernos en esta materia son parte central de la respuesta a la crisis económica.

 Por Santiago Martin Gallo - Consultor ART - PNUD .Formador ODS

contacto: [email protected] 

 

Qué te produce esta nota?
  • Me gusta
    100%
    5 votos
  • No me gusta
    0%
    0 votos
  • Me es indiferente
    0%
    0 votos
Aún no expresó su opinión?
Comente las noticias, intercambie opiniones con otros lectores y lectoras, enriquezca el debate.
Sobre los comentarios
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario con calumnias, injurias u otros delitos sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.

Esta noticia aún no tiene comentarios

Dejar un comentario

Twitter
Facebook
Galeria de videos